Actualización del día 10 de enero. Pincha en el título para ver la noticia.
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Y recibes la orden como culpabilizándote de ser tan egoísta de usar tu vehículo para desplazarte.
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El año nuevo me está aportando tan mala gestión como siempre.
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Ayer RENFE tenía el servicio sin servicio en la estación. No sabría decir bien cual de los servicios, me suelo confundir, puesto que es frecuente que sucedan toda clase de cosas. En la mía concretamente, aparte de que en taquilla no te vendían billetes, los expendedores de tales no aceptaban tarjetas de crédito, con lo cual si no llevabas suelto te tenías que ir a Barcelona, con tu propio coche, en taxi o a pie. Más de 30 km son mucho para ir y volver andando, por tanto, esta última opción era inviable.
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Una señorita muy dispuesta salió de detras de las taquillas, diciendo: Estoy aquí. Estoy aquí. Y después de preguntarme si tenía yo la targeta oro, la de jubilada, que no tengo aún, se empeño en enseñarme como funcionaba aquello. Le repetí unas 5 veces que ya sabía como iba, que lo que me pasaba es que quería sacar el billete con dinero de plástico y nada más. Pero ella, que se sabe muy bien su papel me preguntaba: Pero, ¿ a dónde quiere usted ir?. Luego para remate, me aprieta el botoncito de IDA, ya me cabreé: Señorita yo ya sé hacer esto, no quiero IDA, quiero IDA y REGRESO. Ya lo he hecho en la otra máquina, pero no me deja pagar con la tarjeta. A lo que ella y sin inmutarse respondió cambiando la opción y manteniendo silencio. Imaginé que debía recibir insultos de otros y otras usuarios y me callé, pude reunir dinero de bolsillo para el importe pendiente, y hasta le dí las gracias por su amabilidad. La pobre chica era muy diligente, pero inteligente poco. ¿Y qué le vas a pedir? Vienen aquí de ende los mares y ... me ven el pelo blanco ... y creen que tengo demencia senil. No caen en la cuenta de que lo demencial es la red de ferrocarriles y su organización y funcionamiento.
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La cosa no acabó ahí, ni mucho menos, ya en el tren y llegando a Barcelona, oigo unas risas y un comentario a unas ecuatorianas muy guapas diciendo: Mira lo que pone, es Vilanova - Última parada. Por un momento me asusté pensando que me había entusiasmado demasiado leyendo, y que me había pasado un montón de estaciones, levanté los ojos al panel móvil y luminoso para comprobar lo que ponía, comprobé su versión, alucinante y cierta, miré por la ventanilla y vi que entrábamos en Paseo de Gracia, sonreí tranquilizada y me apeé.
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Cuando llegó la hora del regreso, volví a la estación, y allí me encontré a una amiga. Comentó que en el viaje de bajada a Barcelona habían estado parados en Sant Andreu más de media hora por una avería, y que al final les habían hecho cambiar de 'convoy'. Al poco nos fijamos en el panel indicador de salidas y marcaba una hora errónea. Ponía 19,30 h., cuando eran ya las 20,00 h. Los trenes circulaban con unos 15 minutos de retraso. me enteré por ella que estas cosas pasan con una frecuencia inusitada, que los trenes son insuficientes y me añadió que la mitad de los usuarios circulaban sin billete, que había visto a muchísima gente saltar por entre las vías y las rejas de cierre de seguridad, que no hay revisores, y que la cosa va a peor.
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Y entonces pensé que yo pago aparcamiento a precio de oro cuando bajo a mi ciudad natal, pero que merece la pena por tener la mínima seguridad de que podré volver a mi casa a la hora que lo necesite. Total, no me lo gasto en juergas, a ver si no voy a poder pagarme una vez por semana 6 euros en un aparcamiento, aunque abusen de mi necesidad de comodidad. Una está ya algo oxidada y no está para adivinar vías y horas en las estaciones y los vagones de tren, amén de subir y bajar por escaleras cual quinceañera enloquecida.
Por cierto que las escaleras que bajan del centro de las Ramblas al metro nunca funcionan cuando yo paso. Me tendrán manía.
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Una amiga mía dice siempre que los gobernantes y empresarios nos maltratan. Antes me daba risa, sin embargo ahora, y aunque sea cosa de reirse por no llorar, estoy empezando a pensar que tiene toda la razón.
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Señores, no nos maltraten, que la vida ya se ocupa solita de ello.