Hay personas que necesitan hacer daño para sobresalir y sentirse poderosas e importantes. Se nutren de sus malas artes, de sus hazañas negras Hay de todo tipo y en todas partes. gente que te da su mano y que en cuanto te descuidas te la muerde. Y lo peor de todo es que muchas veces ni se dan cuenta del mal tan terrible que hacen a los demás. Y lo peor de todo es que ni se dan cuenta de que crean una complicidad social destructora; de los demás y de si mismos.
Que malo es el afán de poder, y que fácil es creerse lo que te cuenta cualquiera sin ni siquiera comprobar que es cierto lo que dice. Así se daña la reputación de las personas. De esas personas que son libres para poder decidir si van o vienen y con quienes hablan o dejan de hablar.
Esa gente que bajo la pretensión de su protección y complicidad, te pierde tan a fondo el respeto que no acepta que seas libre para elegir a quién diriges tus sonrisas.
Es la estupidez de la inteligencia, el fracaso del liderazgo.
Una persona te engaña una vez, dos veces, tres veces, y sin embargo, cada cual acaba por calzar el zapato que le va a su horma.
Lo escribo incluso sin tristeza, con la claridad del corazón que ve la realidad de sus propios errores. Aunque también con la rotundez implacable de la certeza de que me equivoco y sé rectificar.
Pobres aquellos que beben su propia hiel para escupir con saña sobre la piel de quienes dicen ser sus amistades.
¡ Que soledad tan amarga les espera !