Para los libres de corazón y de pensamiento:
A propósito de la exaltación pasional incontrolada.
Si apelo a la libertad tengo derecho a opinar, a proponer, a debatir, a crear, a hablar y a callar. Ese es el verdadero espíritu de libre expresión. Pero esa no es una puerta abierta para aceptar conductas que sean agresivas o degradantes.
Contra el maltrato, en la forma que sea, SI se debe ser intolerante. Cuadrarse y decir por ahí no paso, cuando las actitudes de quienes pretenden herir es clara, también es un ejemplo de ágil libertad. Para la libertad, entonando tal como dice la canción de Serrat, hay que tener una previa autonomía de reflexión y una firme educación en el respeto hacía el mundo que nos rodea.No es fácil. Lo fácil es dejarse exaltar y sacar humo por las muelas. Lo fácil es dejarse abrazar por el miedo. El insulto y el golpe como método de comunicación. Esas expresiones que pierden legitimidad en el momento en el que son llevadas a cabo. Moralmente malsanas. Intencionalmente contaminantes. Las palabras y los gestos, agresivamente grandilocuentes, desatados, que te hacen ver aquella parte de las cosas que más te asusta, que te dejan desarmado, a merced del poderoso que te subyuga a tu propio miedo, que anula tu personalidad, que te ofrece su protección paternalista y te hace sicario de sus ansias de poder. Y entonces te domina, porqué él es el padre, el todopoderoso, el amo y señor, y poco a poco, te transformas en su esclavo. Y sin darte cuenta, llega un día en que te exige que le adores, porqué te dice que él te ha salvado. Y tu sigues creyéndole, aunque sin saber por qué hay una amargura en tu vida que no te deja respirar. Un día abres los ojos mirando a tu alrededor. Te das cuenta de todo lo que ha pasado. Entonces ves lo que has perdido, quieres tu libertad, ¡y ya es tarde! Te das cuenta de que todo lo ha hecho en su provecho y no por cariño. Se te ha pasado la vida. Has dejado de crecer.