Tener amigas como tu Rosa, no solo es un lujo sino que además es todo un orgullo, y al que le pique mi sentencia que la recurra. Ayer comenté contigo la posibilidad de poder editar entradas en tu blog dado que para mí, era más fácil entablar batalla dialéctica en uno solo que estar desplazándome de uno a otro lugar buscando un quítame allá esta frase. Te faltó tiempo para incluirme como miembro y como administrador, cosa esta última a la que renuncié por mi mala cabeza y por si estropeo algo, cosa que no sería descabellado pensar.
Pero es que además voy, y con mi egocentrismo y vanagloria por delante, te planteo la posibilidad de cambiar el nombre del blog y añadirle algo relacionado con el mio: Mis puñetas. Vaya osadía! Seguramente estuviste pensando durante horas que nombre ponerle, y solo porque yo te lo sugerí.
Pero es que además voy, y con mi egocentrismo y vanagloria por delante, te planteo la posibilidad de cambiar el nombre del blog y añadirle algo relacionado con el mio: Mis puñetas. Vaya osadía! Seguramente estuviste pensando durante horas que nombre ponerle, y solo porque yo te lo sugerí.
Para algunos, esos detalles no significan nada, para mi este detalle como lo pueden ser los mil y uno que a diario tienes conmigo, me llenan de una alegría y una ternura incontenible. La satisfacción de hacer amistad y de practicar la amistad, no tiene nombre. Ese regusto que da forjar una amistad poquito a poquito, con detalles como estos... eso señores... eso, no se cambia por nada.
Que Dios cuide de nosotros toda la vida y la que viene, que nos mantenga así de felices y satisfechos. Y sobre todo, Rosa, nunca dejes de intentar sorprenderme.
Termino como siempre, dándote las gracias y tu contestando "gracias a ti".
Y ahora que vengan a enemistarnos...
Un abrazo y espero no decepcionaros a ninguno.
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