Suelen decir por ahí que el país está crispado. Hay que buscar un antídoto. Veamos.
La crispación es un problema íntimo de carencia de autocontrol. Empieza por una acción mal dirigida y peor recibida, o la salida de tono y el insulto de una de las partes, y entonces se produce la reacción. Puede llevarse a extremos poco recomendables y ponerse una o uno a la misma altura, es decir, puede que sea contraria y del mismo o peor tono, o también, puede que funcione la prudencia, el análisis, la maduración personal y se autocontrole la respuesta a la provocación. Es una cuestión de voluntad, una actitud de poder ante lo que no nos gusta haber oído.
En una especie de reciclaje de malas intenciones en buenos propósitos, podemos actuar de forma contraria y transformar la pobreza en riqueza, entiéndase que hablo de espíritu, no de material fungible o inventariable. Conseguirlo es todo un arte, hay que saber hacerlo, hay que aprender a hacerlo. Es además una herramienta interior bastante incomprendida por quienes nos rodean, suele suscitar diversas ínfulas iracundas por carencia absoluta del sentido del humor.
Tras una agresión dialéctica del salido y o u salida, suele funcionar el método de respirar profundamente y esperar, sonreír para los adentros, preguntarse escrupulosamente la procedencia del comunicador y su intención comunicativa. Es en este punto, cuando una y o uno puede cabrearse súbitamente, o bien estallar en una carcajada. En el primer caso se ha perdido, en el segundo se va muy por delante y se ha vencido al ‘enemigo’, o sea, al mal humor.
Procuren practicar, de verdad que es mano de santo.
En una especie de reciclaje de malas intenciones en buenos propósitos, podemos actuar de forma contraria y transformar la pobreza en riqueza, entiéndase que hablo de espíritu, no de material fungible o inventariable. Conseguirlo es todo un arte, hay que saber hacerlo, hay que aprender a hacerlo. Es además una herramienta interior bastante incomprendida por quienes nos rodean, suele suscitar diversas ínfulas iracundas por carencia absoluta del sentido del humor.
Tras una agresión dialéctica del salido y o u salida, suele funcionar el método de respirar profundamente y esperar, sonreír para los adentros, preguntarse escrupulosamente la procedencia del comunicador y su intención comunicativa. Es en este punto, cuando una y o uno puede cabrearse súbitamente, o bien estallar en una carcajada. En el primer caso se ha perdido, en el segundo se va muy por delante y se ha vencido al ‘enemigo’, o sea, al mal humor.
Procuren practicar, de verdad que es mano de santo.


