No cabe ningún tipo de excusa frente a la tortura.
¿Y la impunidad ante estos hechos?
¿Y los derechos humanos?
¿Y la ONU?
Mi sentido de la digna libertad de expresión se muere en manos de la infamía.
No me queda sentido del humor, ni sentido común que autocontrole mi pena. No me queda ningún sentido.
Pero a mi, pobre e infeliz mortal, nadie me hace caso. Por mucho que diga, nadie tiene oídos para mis palabras, para mi compasión y la de tantísimas personas que sienten y pensan como yo.
¿Esos que torturan son los libertadores? Más bien parecen escoria humana.¿Dónde han aprendido a odiar así?
¡Que vergüenza y que asco de gente!
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