Creer o no creer, y más si es en política, es como casi todo, cuestión de autonomía personal.
Cuando se carece de opinión crítica, se puede creer en lo que nos resulte más cómodo, más satisfactorio, más llevadero. Sin duda, cuando nuestras madres y padres nos solucionaban los problemas, vivíamos envueltos en un ambiente de sensación de seguridad. Muchas personas, entre ellas yo, hemos vivido envueltas en esa sensación. De ahí proviene el poema la infancia es un lugar sin tiempo en dónde las horas transcurren viendo pasar la vida. Sin preocupaciones ni problemas demasiado serios para los adultos. Si lo miramos bien, crecer es ya el problema, y los niños y más aun los adolescentes, padecen esas continuas crisis existenciales, de las que casi siempre son inconscientes.
Hay gente, me decía el otro día una compañera, que se queda en la fase adolescente para toda la vida. Es el tipo de personas a las que van a ‘cazar’ los partidos totalitarios. Lo he comentado más de una vez, prometen protección a cambio de los votos. Cual padres y madres en dictadura familiar tratan a esos proyectos fallidos de adultos y se los meten en el bolsillo con lo que me da por llamar chantaje del miedo. Consiguen la crispación a fuerza de descalificaciones y aspavientos apologistas sobre los terribles acontecimientos que se les vendrán encima si no les escuchan y apoyan agregándose a sus filas e ideas de forma incondicional. Porqué los votantes son tontos y los líderes políticos si que saben lo que les conviene. Aunque lo que les convenga sea morir en una guerra preventiva.
Hay gente muy joven y muy preparada. Cuando escuchamos a los periodistas hablar de la juventud da la sensación de que todos son unos necios cabeza huecas que no podrán subsistir solos en el futuro. Sin embargo, cuando empezamos a tratar con jóvenes de carne y hueso de nuestro entorno, vemos que no es así. Hay juventud bien preparada para afrontar el futuro. Hay personas más adultas con muchos menos años de lo que parece, que aunque no tengan claro del todo lo que quieren, si que saben lo que no quieren, que es la base para construir las ideas de un mundo mejor. Esa juventud tiene un poder fáctico excepcional, porqué sabe quién es, lo que quiere y los medios de los que dispone para conseguirlo. Reunirse y unirse, es para ellos una necesidad. Tenemos que ayudarles a liberarse de los aprovechados que lo fastidian todo. Nada de multas. Servicios a la comunidad, alguna otra opción contundente o prisión, a cualquier edad.
No sé puede tolerar eso que vemos en televisión que dice con voz gangosa de memo delincuente en plena desfachatez mientras hace una fechoría: ‘Es una televisión de plasma, tío, pantalla plana, ya ves, ¿me entiendes? ( se ríe mientras mira a cámara …)
En ese momento surge en mí la ira que llevo dentro y le daría dos ostias al tipo. ¿ O no? Pero sé que eso no es la solución, que debe de educarse a este tipejo para que se comporte como una persona y no como un despojo humano.
Desde luego, hay impresentables, que desgraciadamente son los que más se ven desde la calle, y de rebote desde los medios de comunicación. Pero hay una juventud encantadora, con ganas de hacer del mundo un lugar mejor en el que vivir. Seguro que la hay de todas las tendencias sociales, políticas y religiosas. Lo que vale a fin de cuentas es el calor humano de las personas. Los jóvenes deben aprender una cosa si quieren mejorar el mundo de verdad:
Obtener el poder no es una excusa para dejar de ser buena persona.
Cuando se carece de opinión crítica, se puede creer en lo que nos resulte más cómodo, más satisfactorio, más llevadero. Sin duda, cuando nuestras madres y padres nos solucionaban los problemas, vivíamos envueltos en un ambiente de sensación de seguridad. Muchas personas, entre ellas yo, hemos vivido envueltas en esa sensación. De ahí proviene el poema la infancia es un lugar sin tiempo en dónde las horas transcurren viendo pasar la vida. Sin preocupaciones ni problemas demasiado serios para los adultos. Si lo miramos bien, crecer es ya el problema, y los niños y más aun los adolescentes, padecen esas continuas crisis existenciales, de las que casi siempre son inconscientes.
Hay gente, me decía el otro día una compañera, que se queda en la fase adolescente para toda la vida. Es el tipo de personas a las que van a ‘cazar’ los partidos totalitarios. Lo he comentado más de una vez, prometen protección a cambio de los votos. Cual padres y madres en dictadura familiar tratan a esos proyectos fallidos de adultos y se los meten en el bolsillo con lo que me da por llamar chantaje del miedo. Consiguen la crispación a fuerza de descalificaciones y aspavientos apologistas sobre los terribles acontecimientos que se les vendrán encima si no les escuchan y apoyan agregándose a sus filas e ideas de forma incondicional. Porqué los votantes son tontos y los líderes políticos si que saben lo que les conviene. Aunque lo que les convenga sea morir en una guerra preventiva.
Hay gente muy joven y muy preparada. Cuando escuchamos a los periodistas hablar de la juventud da la sensación de que todos son unos necios cabeza huecas que no podrán subsistir solos en el futuro. Sin embargo, cuando empezamos a tratar con jóvenes de carne y hueso de nuestro entorno, vemos que no es así. Hay juventud bien preparada para afrontar el futuro. Hay personas más adultas con muchos menos años de lo que parece, que aunque no tengan claro del todo lo que quieren, si que saben lo que no quieren, que es la base para construir las ideas de un mundo mejor. Esa juventud tiene un poder fáctico excepcional, porqué sabe quién es, lo que quiere y los medios de los que dispone para conseguirlo. Reunirse y unirse, es para ellos una necesidad. Tenemos que ayudarles a liberarse de los aprovechados que lo fastidian todo. Nada de multas. Servicios a la comunidad, alguna otra opción contundente o prisión, a cualquier edad.
No sé puede tolerar eso que vemos en televisión que dice con voz gangosa de memo delincuente en plena desfachatez mientras hace una fechoría: ‘Es una televisión de plasma, tío, pantalla plana, ya ves, ¿me entiendes? ( se ríe mientras mira a cámara …)
En ese momento surge en mí la ira que llevo dentro y le daría dos ostias al tipo. ¿ O no? Pero sé que eso no es la solución, que debe de educarse a este tipejo para que se comporte como una persona y no como un despojo humano.
Desde luego, hay impresentables, que desgraciadamente son los que más se ven desde la calle, y de rebote desde los medios de comunicación. Pero hay una juventud encantadora, con ganas de hacer del mundo un lugar mejor en el que vivir. Seguro que la hay de todas las tendencias sociales, políticas y religiosas. Lo que vale a fin de cuentas es el calor humano de las personas. Los jóvenes deben aprender una cosa si quieren mejorar el mundo de verdad:
Obtener el poder no es una excusa para dejar de ser buena persona.
Esa debe ser la base de futuras autonomías.
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