Llega, en el silencio del jardín florido,
la primavera,
tan callada
cómo está mi alma entera,
tan extraña
que la palabra se quiebra,
y se ha dormido mi alma.
Parece que ni soy yo
ni siquiera he dicho nada.
Espero la madrugada
el primer rayo de sol,
quizás con la luz serena
brotará una lágrima de pena
por los ecos de tu voz.
Rosa María,
a la esperanza.
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