Hola compañeros - dice ella puño en alto (con perdón)... me gusta mucho lo que decís. Pero a estas horas de un sábado por la tarde, más que seguir escribiendo, me apetece tumbarme a la bartola en el sofá con un café con leche en una mano y un buen libro en la otra (actualmente se trata de "El libro de las ilusiones" de Paul Auster).
Os juro que me siento cansada, fatigada mentalmente, de tener que justificar, una vez más, que soy catalana porque nací en Catalunya, pero que me siento ciudadana del mundo, aunque suene a tópico y que, caramba, estoy hasta los ovarios de que los políticos inventen historias acerca de lo malos que somos.
Quiero poder hablar mi idioma sin que me miren como si fuera una extraterrestre y quiero no tener que justificar nada más... nada más. Yo no voy a obligar a nadie a nada. ¿Oído, cocina? Yo, particularmente, digo:
- Señores, hablen como les dé la gana, por mi como si quieren utilizar el lenguaje de signos, pero déjenme en paz.
En cuanto a la violencia... aparte del cariño, que todos los humanos y no humanos necsitamos (yo diría que hasta las piedras necesitan cariño), entiendo que para vivir en este mundo hay otra cosa que es absolutamente básica: la cultura del esfuerzo y de la superación.
Ah! Y gran libro, el de Marina. Me gusta, este filósofo-psicólogo-pedagogo... oloquesea. ¿Habéis leido "Dictamen sobre Dios"? Un poco ladrillo, pero mucho menos que leerse la Constitución europea, vive Dios!
Un beso desde el sofá...
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